El Plan General Municipal
de Ordenación y el Plan Estratégico afectarán e hipotecarán de manera directa o
indirecta la vida de los 700.000 habitantes de Sevilla en los años venideros y
transformarán la realidad económica, social y medioambiental de nuestra
ciudad.
La propia concepción de estos planes, su filosofía, metodología y
puesta en práctica chocan frontalmente con el modelo de ciudad sostenible y de
todos y con los implicados en su construcción democrática.
El desarrollo equilibrado de esta ciudad, que respete la diversidad y los intereses sociales, debe estar basado en el consenso político, técnico y social, y fundamentado en una estrategia de información, participación, investigación y acción, pero a estas alturas el Gobierno municipal de Sevilla continúa gobernando para los intereses de sus respectivos partidos y no para los intereses generales de la ciudadanía.
Se rigen por su caduco modelo de democracia orgánica y de participación institucionalizada y de control. Sus actitudes de desprecio hacia la democracia participativa han servido para fomentar una cultura de corte autoritario y de prepotencia con grandes dosis de absolutismo indiano y de despotismo casposo, que ni tan siquiera ilustrado.
Parece oportuno recordarles que el principio sobre el que se asienta la vida democrática es el de la soberanía popular, pero este principio lo han maquillado y prostituido, convenientemente, siguiendo perversiones de todo tipo. Propugnan una democracia de baja intensidad, el voto cada cuatro años, monopolizada por su "casta" de profesionales de la política, reyezuelos que exigen vasallaje a cambio de subvenciones o de trato preferente. Domestican y fidelizan el voto promoviendo el clientelismo político. Se hace evidente que nuestros gobernantes municipales quieren súbditos y no ciudadanos dignos y libres.
Lo que está en peligro en Sevilla y en su próxima planificación urbanística y económica es la ciudadanía y la democracia misma. Los ciudadanos son a menudo los instrumentos de un juego que se desarrolla lejos de ellos y del que son rehenes.
La Administración local no puede seguir siendo propiedad de los partidos gobernantes, ni estar controlada por sus comisarios políticos. Estos deberían saber que la Administración es un instrumento del que se dota la ciudadanía para planificar su vida colectiva.
De cara a estas importantes transformaciones urbanas que se nos avecinan debemos desarrollar una nueva cultura política que renueve los modos de decisión y los métodos de actuación, exigiendo la separación de poderes y creando órganos participativos de control sobre los poderes políticos y administrativos. Tenemos que reforzar el status de ciudadanos, transformar la acción pública, articular los ritmos administrativos y políticos con los ritmos sociales, y considerar la democracia como una forma de actuar y no como una estructura, donde fines y medios formen parte del mismo proceso.
Hay que intervenir para transformar la ciudad en lugar de soportarla, tomar la iniciativa de la dignificación cultural, social y material de nuestros barrios promoviendo un reequilibrio sostenible.
Democracia local y ciudadanía es lo mismo. La ciudad es más difusa y menos democrática si en esta ciudadanía se producen procesos de exclusión y de marginación, es decir, procesos de ausencias en la participación. Por tanto, lo más importante en la participación es el proceso, el cómo y para qué. Y no es tan importante el reglamento como el que exista una voluntad política de funcionar en y con democracia participativa.
Para estos gobernantes municipales, de "todo a cien", expertos en participación "simulada", la participación ciudadana ha sido su gran ausente, y la han dejado reducida a pura fraseología, a subproducto del marketing electoral.
La participación ciudadana no debe ser confundida con el tallerismo y cursillismo trasnochados o con las labores de sus respectivas "secciones femeninas", y mucho menos aún con el bricolaje social diseñado en los despachos políticos y ejecutado por sus palafreneros.
También es habitual desde los estamentos del Ayuntamiento de Sevilla querer confundir participación con información. Sin embargo, la información es sólo el primer nivel, o requisito previo, por el que se abren algunas vías para la participación.
Pero hasta el momento, la ciudadanía sevillana no ha conocido ni una sola campaña de información municipal que fuera veraz, suficiente, comprensible, objetiva, eficaz y racional, para ello, previamente, deberíamos poseer una Administración local de calidad y prescindir, para siempre, del "todo atado y bien atado".
Por ejemplo, tener información suficiente sobre el Plan General Municipal de Ordenación y sobre el Plan Estratégico es imprescindible para que pueda existir la participación de los vecinos y afectados por dichas actuaciones.
Información implica, también, formación, dado que la información que no es comprendida no sirve, por lo tanto es necesaria una labor previa de formación.
Para iniciar un proceso de participación ciudadana en el Plan General Municipal de Ordenación es necesario informar no sólo de lo que el Ayuntamiento sevillano quiere realizar sino, previamente, de las diferentes posibilidades existentes con arreglo a las normativas legales, las repercusiones económicas, sociales y medioambientales de este plan, las alternativas, etc.
En Sevilla se están discutiendo transcendentes asuntos de los que depende nuestro futuro: Plan General Municipal de Ordenación, Presupuestos Municipales, Plan Estratégico y el Convenio sobre Vivienda, y como es obvio en ninguno de ellos se han comenzado campañas de información, de divulgación y de participación, con los riesgos que esto conlleva para la democracia.
En éstas, como en otras muchas cuestiones, la democracia hoy debe atender a un equilibrio de poderes entre los legitimados por los votos, los legitimados por sus iniciativas de base, los legitimados por sus apremiantes necesidades y los legitimados por sus conocimientos profesionales.
Ante este Plan General Municipal de Ordenación y el Plan Estratégico, hacemos nuestros los versos de Lluis Llach:
"No es compañero, no es esto por lo que murieron tantas flores ni por lo que lloramos tantos anhelos. Nos dirán que hace falta esperar y esperamos, bien es cierto que esperamos. Es la espera de los que no nos detendremos hasta que no sea preciso decir, no es esto".